El lugar de las cosas rotas.

Me desperté de un sueño del cual no recuerdo haber caído, sin embargo estaba allí, a las puertas de un salón enorme en un lugar que no reconocía. Había un enorme letrero en latín labrado en piedra sobre la enorme puerta de madera tallada exquisitamente.

Notas ยป

Sábado, 27 de Abril de 2013   Escrito por:


No sé cómo pero entendí aquel ambiguo escrito y decía “Aquí descansan tus cosas rotas” y al acercarme a la puerta esta se abrió por sí sola.

Entré e inmediatamente noté lo bien organizadas que estaban las cosas por secciones. Una voz me dio la bienvenida, era dulce y femenina, mas no había nadie en aquel lugar. Me explicó que aquel enorme lugar guardaba todas aquellas cosas que en mi vida habían sido rotas y estaban en proceso de restauración.

Lo primero que noté fueron las ilusiones, había de todos los tamaños y formas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, de las sencillas de mi infancia hasta las más complejas de mi vida adulta. Eran suaves, tiernas, brillantes; fui reconociendo una a una todas ellas…el deseo de volver a ver a mi padre, la ilusión de estudiar en un colegio militar, la primera vez que imaginé mi vida casado con aquella hermosa mujer…todas ellas rotas y estrujadas.

Caminé un poco más y vi unos enormes jarrones delicados y valiosos pero con asas rotas o quebraduras, “esa es la confianza” me dijo la voz, allí guardabas grandes cantidades para tus seres queridos, tus amigos, familiares, incluso para tu país, sus dirigentes y tú mismo. Algunas estaban en un estado que podría ser utilizadas aún, otras estaban completamente hechas añicos y el líquido que guardaban se escapa de ellos en una forma que reconocía fácilmente: lágrimas.

Unos metros más adelantes vi unos rollos de papel tan antiguos, sucios, mojados algunos, comidos por las polillas los otros y con diseños complejos en ellos, supe entonces que eran todos aquellos planes que dejé sin realizar. Cosas a las que no les puse empeño y otras que el destino se empecinó en obstaculizar. Habían muy buenas ideas allí, cosas grandes para mi vida y cosas simples para mejorar, era una lástima ver todo aquel montículo de papel olvidado y desordenado.

Al fondo del local vi enormes estructuras que parecían metálicas, eran robustas e imponentes. Decían que estaban allí porque al ser tan fuertes eran las bases de nuestras vidas y las últimas en perderse. Eran mis esperanzas, sobre ellas descansaron alguna vez todos los demás artilugios que habían rotos y descuidados en aquel salón.

Las reconocía todas, algunas acababan de ingresar. Reconocí la esperanza que le tenía a la humanidad pues era la más voluminosa, junto a ella la esperanza que tenía en mí mismo de cambiar, esa estaba maltratada y oxidada pues me aguantó lo suficiente para realizarlo más no lo necesario para lograrlo.

A este punto estaba completamente conmovido. Jamás imaginé estar tan roto, sin embargo noté que lo más importante no se encontraba allí, entonces pregunté “Dime ¿dónde está mi corazón?, ¿Acaso fue tan maltratado que se pulverizó y ya nada queda de él?” entonces la voz me respondió, “te equivocas. El corazón lo entregamos a otras personas, no somos responsables de su cuidado. Si alguien lo daña, la vida te da uno totalmente nuevo para que lo entregues a la siguiente persona que consideres prudente, toma tiempo, es un proceso delicado y muy complicado puesto que es un recipiente sumamente importante, aunque no siempre tomamos la mejor decisión a la hora de entregarlo”.

Comprendí entonces porque sufrí tanto, porque a pesar de todo mi empeño no lograba sanarlo cuando me sabía herido, no dependía de mí sino de la vida y cada proceso era más complicado al anterior, sin embargo tuve curiosidad de saber cuántos corazones habían almacenados que otras personas me entregaron y haya despedazado yo; al ver la cantidad no pude evitar llorar, me sentí tan ruin y me repetía que era justo tener todas aquellas ilusiones, planes y esperanzas destruidas pues yo tampoco había sido el mejor ser humano que esperaban que fuera.

Aquella dulce voz me brindó calor, me decía no te deprimas, esto que vez aquí no es nada comparado con la bóveda donde están las cosas que si realizaste y mejoraste de ti, pero esa no puedo mostrártela aún, no es el tiempo. Esto te fue mostrado para infundirte ánimos y recapacites tu actuar, eres una buena persona pero sabes que puedes ser mejor. Has recorrido un largo camino y aún te falta tanto por recorrer, por inspirar, por formar…

Entonces aparecí nuevamente frente al espejo de mi cuarto y finalmente me sentí mejor.

Realmente no ha sido una mala vida. Realmente no he sido tan malo como yo mismo me he juzgado. No cometas tú, que lees, este mismo error.

Etiquetas: cosas,rotas,nota,anteojos

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